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domingo, 27 de diciembre de 2009

Rustico

El titanic naufragando en mis labios, el cielo que derrama una brisa marina y el rumbo que toman los coches alejandose de la rutina de una ciudad aún con resaca.

Creo en el destino, en los momentos que perduran y se vuelven estampas de tiempos increíblemente oportunos, creo en las cosas que se acomodan y que los guiones de las películas nunca pueden igualar. Porque pasan y se quedan para siempre. Creo en los ojos que se caen de bonitos y que al mirar la taza de chai latte, recuerdan.

Siento que lo dicho puede caer ante un momento oportuno, que la sinceridad de una pregunta bien hecha no inhibe, detona. En un parque lejos de mi casa, me sentí seguro, el frío no tocaba mis manos ni las de ella, el frío se quedó en otros días, en aquellos que ya pasaron.

Consigo detener el tiempo de nuevo, al chasquido de mis dedos todo se vuelve de papel, un set a oscuras y de nuevo, repito la escena, ella siendo ella, yo siendo el mismo. Naufragando en plena Avenida Garza Sada. Naufragando sin tener miedo. 




lunes, 9 de noviembre de 2009

elemental

Va cargando 50 kilos de cemento mientras camina sobre un piso de hielo que cruje y se estremece a cada paso.

Avanza y suda enmedio del frío y los mosquitos de la nieve no lo dejan respirar bien y él resopla y siente la comezón en la nariz y no suelta por ningun motivo el bulto de cemento y se balancea algunas veces pero no lo suelta.

Cascaras de platano por doquier, las pisa y va rezando de que ninguna lo haga caer, de pronto...pone una rodilla en el suelo y descansa un momento y del esfuerzo, comienzan a rodar lágrimas que en un segundo se congelan y se rompen en microscopicos fragmentos de sal que caen y se pierden para siempre en el piso de hielo.

Bajo el piso de hielo hay animales de las nieves, tiburones blancos, estacas afiladas, agua venenosa y auditorias, cientos de auditorias y pagos atrasados, él lo sabe y se levanta y sigue caminando. Ve la orilla, la vé a ella, el final de su castigo y como una pesadilla, el piso comienza a resquebrajarse violentamente y el corre con las últimas fuerzas que tiene y algunas veces el agua fría toca sus tenis y siente levemente el filo de un colmillo, el aroma del veneno.

Arroja el bulto a la orilla y se desploma sobre la nieve. Su boca esta llena de hielo y sangre.
Se incorpora y al hacerlo, vé que sigue igual de solo que antes u aún más. Ni los 50 kilos de ella, ni los 50 kilos de cemento, ni nada. 

Solo el frío.