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domingo, 25 de octubre de 2009

por última vez

Tengo un grave problema, me da miedo que se acaben las cosas, que no vuelvan a pasar, que no tenga la oportunidad de ver algo, de probar algo, de sentir algo por última vez.

Es casi una enfermedad, es una necesidad que me hizo conducir como desesperado para llegar a la clínica en donde iban a operarle la nariz a mi hermana menor y poder despedirme con un beso de esa nariz que amo tanto como la amo a ella y que a partir del viernes amaré a su nueva como amé a la anterior.

No podía dejar de ver por la ventana del avión el aeropuerto de Londres, por ese miedo a las ultimas veces, a la última vez que iba a ver Heatrhow quizá en mi vida.
La última vez que ví con vida a mi abuela, la última vez que la ví a ella pasar la aduana, la última vez que la ví a ella cruzar la puerta de su casa para no abrirmela a mi nunca más, la última vez que vi el cielo de monclova, la última vez que sentí el aire de Girona, la última vez que nos dijimos que nos queríamos.

Las últimas veces me dan tanto conflicto que me asusta y lo que es peor, no me dejan  disfrutar de las primeras veces, esas que a mi me han dejado de emocionar porque ni el mundo ni el amor son nuevos ni únicos, porque las primeras veces anteceden a las segundas y a las terceras, porque las primeras veces carecen de la nostalgia de la Edición Limitada, del Producto Temporal, del Sólo esta Navidad, las primeras veces son únicas es cierto, pero las últimas...las últimas son el adiós.


lunes, 4 de mayo de 2009

este país

No niego que mi relación con mi país es extraña, nos amamos y nos odiamos a la vez, yo lo amo cuando me recuerda en la voz de mi madre que soy de aquí, y el me odia cuando el calor es insoportable y desearia caminar por una fresca calle de Londres.

Pero lo amo más de lo que lo odio y no sólo cuando juega la Selección (a final de cuentas ya sabremos que aunque juguemos como nunca perderemos como siempre), lo amo por esas cosas que van con la mexicanidad, la solidaridad del que no tiene y da lo poco de lo que puede desprenderse, la sonrisa de los amigos, sincera y cálida que no tiene otra nación, la capacidad de reírse de las adversidades a los cinco minutos de que estas ocurren, pero sobre todo, el profundo amor y cariño que tenemos por esta extensión de tierra que se llama México.

Allá ellos que nos cierran las fronteras por un fenomeno que no estaba presupuestado.
Allá ellos y la ignorancia que nos culpa incluso fuera de casa.
Allá ellos que se dicen salvadores de sus naciones pero no dejan de ser racistas.
Allá ellos que no entienden lo que pasa y no quieren entenderlo.

Situaciones como este encierro forzoso me han hecho pensar, mientras cocino, leo, escribo o escucho musica en la azotea de mi departamento, lo mucho que quiero a este país que da la mano siempre que alguna nación lo necesita (Siempre que hay un temblor devastador, México envía a un grupo de heróes preparados para situaciones de esa índole, a buscar cuerpos y sobre todo, sobrevivientes, después del huracán katrina, México envió al ejercito con ayuda solidaria para los damnificados, cuando alguna nación necesita ayuda, México, como país y como reflejo de su gente, envía siempre lo que puede y lo que tiene)

Por eso, esta prueba de vida, esta prueba de Dios para todos los mexicanos, es sólo una cosa más, una raya más al tigre, una situación que nos hará más fuertes mañana y que le dirán al mundo que este país que conforma toda está maravillosa gente, es el mejor país del mundo, porque sólo aquel que es mexicano, sabe y entiende los contrastes que vivimos, las situaciones que pasamos y el futuro que nos depara.