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martes, 8 de diciembre de 2009

Ella pierde una calceta

Leo a Haruki Murakami antes de dormir.

He iniciado el libro que más he deseado en mucho tiempo y al cual, le puse una clausula. No lo compraría, tenían que regalarmelo. Porque como regalo funciona en niveles aún mejores, en aquellos en donde el aprecio interviene. Y aquí me tienes, leyendo "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo". Genialidad. 

De él he leído ya algunos, cada uno mejor que el otro. Espero que cuando llegue a México "IQ84", sea aún mejor que éste que leo ahora y que en la página 6 ya me ha hecho sonreír porque este tipo está loco, de amor, de soledad, loco de gatos y de palabras, una enfermedad que me gustaría tener. Encontrar la magia en lo común, la belleza de la soledad y el tiempo justo para decirlo, la entonación adecuada, el sonido stereo del mundo, de japón, su japón, mi japón.

No se si clasificarlo como Realismo Mágico, pero sin animos de ofender...Gabriel García Marquez se la pela. Es verdad. Para mi al menos. Porque las palabras fluyen como un liquido viscoso que me va invadiendo la cabeza y que no para hasta el momento en el cual, cansado de los ojos, cierro el libro, y cada que lo cierro, soy una mejor persona. Porque tengo en mis manos, magia. 

Cortázar y Murakami. No se si influencias, pero si al menos, gustos, placeres. Ambos que se caen de amor por las mujeres, por los gatos, por ser ellos mismos, por ser.

Carajo que buen libro, me gustaría en estos momentos que este blog fuera conocido, así más gente podría enterarse de que en el mundo hay un viejo japonés enfermo de su jodida cabeza que nos hace o me hace, sonreír.

Como Marisol cuando me toca con su fuerza increíblemente débil y que a  la vez, me desarma. Como Brenda que hoy puso que cada noche pierde una calceta. Como el té zen de la mañana. Como ella que aún tengo sus pasadores en mi coche. Como manejar escuchando el soundtrack de 500 days of summer. Como la que está en España. Como la que escribe en Guadalajara. Como mis lentes limpios. Como mi mente igual.

Lo que es tener un buen libro en las manos.

viernes, 20 de febrero de 2009

sobrecitos

Pongo a hervir agua en una cazuelita de peltre que compramos por 23 pesos en un mercadito, abro la ventana de la cocina y escucho al gato del vecino...(su mascota, no al vecino) caminando por el techo de lamina que cubre el boiler de mi mini patio.

Veo el orgasmo que produce la llama azul de la estufa sobre el espejo de agua de la cazuelita de peltre, ese orgasmo burbujeante, ardiente y ruidoso del agua, veo el vapor gemir y salir por la ventana, escucho al gato ronronear y abro la alacena buscando un té de manzanaslashmenta, ya no hay para mi desgracia y me conformo con un humilde pero cumplidor té de canela. El té de canela y yo somos muy parecidos después de todo.

Sirvo el agua en una taza, con cuidado de no quemarme, y pongo a nadar en él una bolsita de té y cierro mi ventana, privandole a los demás vecinos, el aroma de mi té que es mio y solo mio y camino descalzo rumbo a mi sala sin muebles y me siento a esperar que se conjunten el agua y la canela y me regalen el fruto de su union, de su alianza nueva y eterna.

Una chica me envió una fotografía y cuando la ví pensé en el apodo de otra chica, fue de lo más extraño, así que recibí dos recuerdos por el precio de uno. La foto en cuestión es como mi té...mia y solo mia, el apodo de mi amiga es como el té y la foto, suyo y solo suyo.

En los pasillos de la tienda donde compré el té, nunca pensé que iba a tomarmelo así, sentado en la sala de un departamento sin muebles, porque debo decir que ese té tiene conmigo años, es una caja que me sigue a donde vaya y aunque haya otros tés y otros sabores como el manzanaslashcanela o vainillaslashazahar o el seductor cocoslashfrutadelapasion, el sabor que me sigue desde que era niño es el de la canela, la siempre cumplidora y humilde canela. 

Como yo.