Escucho el ladrido que no me deja dormir, que me taladra la cabeza como una culpa inmensa de cosas que dejé pasar, de personas que dejé de querer.
El perro no deja de ladrar y yo no dejo de pensar y recuerdo, el lecho en donde murió ella y los días de duelo que siguieron al disparo. Accidental. Eso dijo la policía y ambas familias. Las cosas pasan por algo me dijeron y yo no sabía que decir. Tendrás un ángel en el cielo que te cuidará, decían y yo lloraba inconsolablemente. Un ángel con un tiro en la frente.
La culpa es un espejismo horrible en el ojo que no te deja ver bien la vida, la culpa es un grito que nunca terminas de sacar del pecho. La culpa es el preámbulo de la muerte.
El perro se ha callado pero aún retumban en las paredes de mi cuarto sus ladridos, el sonoro y lastimoso quejido de un perro que no entiende porque ha sido encerrado de nuevo en el baño de una casa, los dueños temen que salga a la calle y muera, ellos no saben que él está muriendo dentro de ese lugar todas las noches.
El sonido del disparo aún retumba en mi cabeza, en las paredes de mi cráneo, se acumula, se condensa y llueven lágrimas de culpa, en cada una de ellas va su cara dibujada en el instante justo en el que una 48 especial le da un empujón a su frente que la desnuca y la sangre sale disparada a todos lados y me cubre.
Hoy quiero liberar a ese perro, tomarlo en mis brazos y subir a la azotea juntos. Saltar al vacío. Caer los dos. Morir de verdad y no en partes. Los ecos del perro no volverán a escucharse, los ecos del tiro dejarán de estar en mí para siempre.
La culpa, el perro. El sonido de ambos cayendo.
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jueves, 25 de agosto de 2011
miércoles, 5 de mayo de 2010
Paredes blancas
Los sueños vienen envueltos en los ronquidos que lo acompañan, en las respiraciones, en ese inhala-exhala que se genera en los cuartos, sin ellos no habría sueños, es el secreto que nadie conoce, nadie sabe que los sueños se generan en base al ritmo de respiraciones que uno tenga, por eso los niños chiquitos, al respirar acelerado siempre tienen sueños de aventuras, de peligros que sortean. Los adultos tenemos muchos sueños sexuales porque cuando respiramos, llamamos al sexo, incluso aún después de haberlo tenido, porque en la mente los adultos, sólo hay lugar para eso y vaya que uno no puede decir que hay personas santas consagradas que no sueñan eso, las noticias nos enseñan que los diablos también usan sotana.
Libertad, se va a llamar Libertad.
Cuando era niño quería llamar a mi hija Libertad, fui un niño extremadamente comunista, dividía la atención que le prodigaba a mis juguetes equitativamente, de tal forma que, ni el G.I Joe ni el coche de carreras podría sentirse menos.
Mis amigos, escasos amigos, de la infancia me veían como un animalito raro, como un perro de tres patas, raro pero común, porque sigue siendo un perro pero tiene una pata menos, me veían con una forma de compasión, aunque ellos no supieran lo que significaba esa palabra y por lo cual, al no tener una forma de definir su sentir hacia mí, hacían lo cristianamente indicado, ignorar lo raro, ignorar al perro de tres patas que era yo.
Pero nunca me importó, acostumbrado al silencio desarrollé la habilidad mágica de mandar el mundo al carajo y de que el carajo fuera sólo un lugar, un destino para todos y yo, enmedio de conversaciones comunistoides con mis juguetes, era feliz.
Era feliz con la soledad. Con ese espacio infinito e interminable que es la soledad porque lo importante para nunca sentirse solo, es saber que uno no está solo, uno lo tiene todo, nadie está ahí para compartir las cosas, es la perfección absoluta, es el hilo negro, es ganarle en el ajedrez al diablo, es ser feliz.
Hasta que te enamoras.
Y todo parece que te encierra y ese salón infinito que es la soledad, se vuelve una cajita de zapatos en donde te han forzado a cumplir condena y ese terrible lazo que se forma al querer, esas ganas de sentir que la otra persona está ahí, esa confirmación de que dependes...es lo opuesto a lo que eras y te das cuenta de que al perro le ha salido la cuarta pata y es uno más de la...perrada? manada? jauría?
El amor es indefinible, indescifrable, incoloro, inoloro, intocable, incansable, internacional, inmaculado, intravenoso. El amor es bien raro.
miércoles, 21 de enero de 2009
milo
Con la vista perdida en el punto más lejano del horizonte, el perro esperaba oculto en los arbustos, que pasara alguién, que una mano lo alimentara porque después de años de cautiverio domiciliario, había perdido la capacidad de proveerse el mismo de alimento.
Nada pasaba, nadie pasaba, el curso del tiempo y del viento no cambiaban pero el hambre aumentaba y el cansancio comenzaba a cerrar sus ojos de mirada triste. La confianza lo mató podría decirse, pudo haberse resistido a ese paseo en coche, pudo haberse escondido o incluso escapado por el barrio, pero la confianza y el amor lo perdieron y lo llevaron a las afueras de la ciudad, a lo desconocido, al miedo, a la muerte guiada por quien él quiso más. Si la curiosidad mató al gato, el amor mató al perro.
Hurgaba en la basura de la orilla de la carretera y el estornudaba una mezcla de vidrios y polvo y de haber podido llorar, habría llorado su desgracia y su impotencia y su amor mal correspondido, pero el perro no llora y no sabe lo que sigue, porque es un perro tonto que confió demás.
Caminando lentamente por el costado de la carretera veía pasar los coches rapidamente, quiza esperanzado de que de un momento a otro, él volviera y le dijera "sube" "vamos a casa", pero el milagro no ocurria y la carretera no tenía fin. Avanzando, avanzando, vío los despojos de lo que alguna vez también fue un perro, sorprendido y asqueado volteo la vista y comenzó a correr bosque adentro, a lo desconocido, lejos de los coches, cerca de la nada, a la oscuridad y al frío.
La lluvia, esa que vuelve más dramatico todo, comenzó a aparecer y el perro, se resguardo bajo un árbol a ver llover y a ver como los ríos miniatura pasaban por un lado y dentro de ellos, bichos que nunca había visto, luchaban contra la corriente y el pensó...yo podría estar peor, pero el ruido de su estomago le dijo no estás tampoco tan bien.
Decidido a contrarestar el hambre, olfateó dentro del lodo buscando algo y con la nariz manchada de mierda y frío, comió gusanos y catarinas y escarabajos y bebío del agua sucia que corria y cuando terminó, se volvió a resguardar bajo el árbol a esperar que algo pasara y que la lluvia amainara y que el frío se detuviera y que los truenos ya no hicieran ruido y que el asco no lo dominara y pudiera guardar en su estomago por más tiempo, la cena.
La mañana siguiente lo despertó el estomago y el dolor. Tenía un día fuera de casa o mil. La primera maldita noche no lo mató, pero había que continuar y el perro que no era tonto entendió que ya toda esperanza por volver a casa había terminado. Y comenzó a ver lo bueno, lo fresco de la mañana, el aire diferente y no enrarecido al pasillo donde vivió siempre y sobre todo, la libertad de saber que todo dependía ahora de él y si iba a comer era por él, si iba a vivir era por él y si iba a morir era por él.
En la verdad está la felicidad, no en la ignorancia. El perro en una noche entendió eso y caminando por el bosque, dejó de esperar migajas y manos que lo acariciaran y empezó a buscar lo basico, agua, comida y refugio, el amor ya no era relevante, el amor ya no tiene cabida en este nuevo mundo. El perro ya no está enamorado.
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