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martes, 22 de marzo de 2011

Decir adiós

El acto de decir adiós no es tan simple como parece, no es sólo levantar la palma de la mano, colocarla a una altura superior de nuestra cabeza, abrir los dedos de la mano como un sol y agitar ese sol con movimientos de izquierda a derecha a un ritmo constante durante un periodo de tiempo que comprende la distancia en la cual tardamos en desaparecer del rango visual del objeto de nuestro adiós.

Decir adiós es más complejo y es una acción totalmente independiente del manejo correcto de una mano veloz y agitable, lleva consigo una despersonalización de lo que se quiere, lleva la sensación del olvido y sobre todo, lleva un gran dilema moral porque se deja ir sin tener la certeza de que se verá volver.

No confundamos el adiós con el hola. El movimiento indicado para una correcta bienvenida a la distancia es con nuestra mano levantada sobre nuestra cabeza y todos los dedos de nuestra mano abiertos, el hola puede ser de dos tipos, el hola excitado que agita de izquierda a derecha la mano con rapidez y ansiedad, y el hola de ubicación, el que sirve sólo para indicar que estamos ahí y que se caracteriza por una casi inmovilidad de la palma de la mano.

La mano, la palma de la mano específicamente, es pieza fundamental en ambos ejercicios sociales del ser humano, al menos en cuanto a las regiones occidentales del mundo se refiere, ambos actos requieren de total concentración para poder ser considerados trascendentes y no sólo superficiales, aunque el decir adiós y el decir hola a personas con las cuales no se tiene una relación cercana, elimina por completo las creencias vistas anteriormente y se convierten en actos reflejos de civilidad y respeto tan importantes pero a la vez tan vacíos y sin alma, como abrirle la puerta a una persona o cederle el lugar a una mujer mayor en el camión.

Decir adiós. Dejar que se vayan las personas y agitar la mano en el aeropuerto, en la central de autobuses o en el tren. Decir adiós cuando el crucero se marcha. Decir adiós cuando no se tienen más palabras para decir. Decir adiós con la mano, con los ojos, con la boca, con un abrazo.
Decir hola igual pero al revés. Como una cámara en reversa que nos narra esos instantes que no nos damos cuenta que vivimos. Adelantar. Regresar. Despedirse. Saludarse. Hola. Adiós.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Adiós

A todos:

Para los que leen esto y no me conocen, vivo en Monterrey, Nuevo León, ciudad azotada cabronamente por el narcotráfico. Tengo 28 años y soy el segundo de una familia de 6 personas.
Todos honestos. Todos honrados. Todos dignos mexicanos.

Este es el texto #200 en mi blog. Una fecha casi cabalística en mi país. Un año en el que el número 200 ha estado en todos los putos lugares.

Quería aprovechar este espacio para despedirme por si no los vuelvo a ver.

No, no pienso dejar de escribir, no pienso dejar de vivir y no pienso olvidar mi pasword.

Pero, uno nunca sabe y los balazos están muy barato en mi casa así que, amigos, vatos, morras, si a este negro algo le pasa, siempre fue bueno, nunca anduvo en el narco y siempre quiso bien.

A mi madre, má, te amo, eres la mejor y la más grande persona que conozco, es un orgullo ser tu hijo.
Papá, por ti soy lo que soy, honesto, trabajador y lleno de errores, gracias, te quiero.
J: Te quiero, eres un ejemplo hermano, mi hermano mayor.
D: Gracias roomie por 20 años, eres bueno, sigue así y llegarás lejos. Te quiero bro.
M: Creo que nunca he querido a nadie como te quiero hermana, te ganas el cielo todos los días.

Novia: Te amo, gracias por cada día juntos y aunque vayamos empezando, creo que nos falta mucho aún juntos, espero.


Sé que uno llama a la desgracia y quizá este, catastróficamente y jodidamente, se convierta en mi último texto, Dios quiera que no, pero bueno, uno nunca sabe.



miércoles, 29 de julio de 2009

chau

Vamos a ahorrarnos el momento, el trago amargo, la despedida de hielo.

Vamos que no se pierde nada pues, sigues y sigo y seguiré y seguiras y entonces, quiza algún día no muy lejano Dios quiera, sigamos.

Se va la nevada en julio, las cenizas de agosto, los regalos de diciembre y el abrazo en septiembre, se va, se va, se fué.

Nos ahorramos lo que quieras, incluso el pasado.

Chau