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martes, 15 de noviembre de 2011

Tos

Siempre he estado ligado a la enfermedad, mis primeros recuerdos siempre apuntan a dolores en el pecho, tos que inunda el cuarto en el que esté, fiebre, sueños de fiebre y ausencia del hambre en mí. Desde niño he probado todas las medicinas y puedo considerarme un experto en automedicarme, en inyectarme solo, en tragar pastillas, masticar tabletas, beber jarábes y hacer de todos un coctél que me aletargue lo suficiente como para soportar la fiebre.

Mis peores pesadillas han sido bajo los efectos de antibióticos, pesadillas que quedaban destruidas cuando sentía el frío de la regadera, los pedazos de hielo en mi cabeza, el tomate quemado en mis pies, la vaporera que me ahogaba, los rezos y sollozos de mi madre que me cuidaba sin importar que descuidaba a los demás hijos que tenía. Siempre fui el más débil. El enfermo que veía por la ventana y no jugaba, el que tosía a la menor provocación y se refugiaba en una habitación lejana para que no lo escuchara la madre, el padre pero sobre todo, la aguja.

Por eso apenas me recuperé y me fui de casa.
Me largué para darle a mis hermanos la madre que quizá no tuvieron. Para alejar de ellos el sonido de la tos, la preocupación sonora, el estrés del hijo que salió defectuoso.
Por eso me fui apenas la fiebre bajó.

Ahora a la distancia, toso cuando quiero y a nadie le importa.

En mi enfermedad, me siento aliviado.

jueves, 19 de febrero de 2009

waco

Me curé yo solo de los ojos, le dije a un amigo que me preguntó porque ya no usaba lentes. 

Y era verdad, me curé porque ya me gusta ver borroso y no leer de lejos las señales de transito, digamos que le agrega emoción a mis días.

Cachalote, desde el domingo me hicieron recordar esa palabra que quiza, en alguna ocasión en mis años de infancia, usé para burlarme de algun compañero de la escuela que era gordo para su edad, ahora creo que no lo haría, y no porque haya mejorado como persona, sino porque ahora tenemos un peso similar y un cachalote no puede burlarse de otro asi porque si.

Tengo ganas de una lamina de jicama con limón, demasiado limón, tanto que me haga cerrar los ojos y que haga explotar mis papilas gustativas por unos segundos y que cuando abra de nuevo los ojos, el mundo sea otro, que las cosas sucedan de formas increíbles y que yo pueda por fin dejar de mirar atrás.

Este jueves sabe a sabado y en mis audifonos está tocando un grupo de musica cristiana que no se porque carajo se coló a mi playlist si yo soy un tipo ultra catolico, me persigno antes de un juego de mi equipo y voy a la iglesia cuando hay una boda o un funeral, como todos.

Salta el huracán de sitio en sitio y con él se marchan los buenos y los malos momentos y tengo en la cabeza una imagen que me produce la palabra Waco, fanatismo religioso, pelicula de clase b, mi padre y yo viendo tv en la noche, yo con fiebre y él con un vaso de agua fresca que me da a beber, para que con el agua, como con el huracán, se vaya todo.