lunes, 30 de noviembre de 2009

Raíces

Vive en niza, francia. Tiene mi edad y nos conocimos en un vuelo intercontinental. Primera vez que me agrada mi compañera de asiento. Creo vimos una película completa cada quien, pero charlamos 11 horas seguidas. Del amor, de la vida, del amor en la vida.

Ahora la leo a la distancia y la leo rara. Triste. No noto en ella la alegría que me regaló y que hizo más llevadero mi regreso a casa, justo en el momento en el que no quería llegar. Ella me lee y sonrié, creo, desde su hogar francés.

Hoy cociné lo que ella me mandó por mail. Sopa de cebolla. Y no lloré al partirlas, como sé que ella no llorará al leer esto. Es increíble lo cerca que puedes estar de alguién que apenas conoces. En cierta medida, la estimo. En cierta medida, creo nunca volveremos a vernos.

No creo volver a tener la suerte de una compañera de viajes perfecta como ella. 
Pero ella si tendrá la suerte de que en la distancia, todo toma otro valor, otro sabor, aún más intenso que el de los guisos que prepara y que, como la mejor consejera, me mandará para hacer más llevadero mi invierno y mi cocina.




viernes, 27 de noviembre de 2009

luces

Las luces, las que perdí y luego encontré, ninguna brilla como tú.

Chipirones. Nunca los había comido ni hubiera pensado hacerlo hasta que tú, con tus costumbres adquiridas en no se que jodidos lugares, me forzaste a hacerlo. Sabes que comerlos es lo menos que podría hacer por ti. Mi lista de cosas imbéciles que haría por amor pero más por ti, es inmensa y los chipirones no se acercan a caminar en brasas ardientes.

Anoche revisaba las fotos de una vez que salimos. Es horrible el flash y lo que revela al guardar los instantes que uno pasa en los bares, la penumbra y el humo lo hacen más llevadero, pero nada de eso resiste a la verdad, nada resiste al flash que todo lo ve y que nos muestra el verdadero y horrible lugar en el que estabamos y por el que pagamos tanto. Una mierda. Por eso cuando ya van a cerrar, encienden las luces, las encienden para que nos demos cuenta del verdadero lugar en el que estamos, para que nos demos cuenta de la verdadera persona con la que estamos y del verdadero estado en el que estamos. Una mierda la luz.

Menos la tuya. Que no quema. Que no revela. Que no se apaga.

A menos de que quieras que la apague. En ese caso, procedo ceremonialmente y sistemáticamente a insultarte esperando la mordida de perra brava que tienes por dentro, el zarpazo, el chingazo y el grito que suplica que me vaya, y me voy, porque se que el llanto que derramas es la señal de retirada.Cierro la puerta, te maldigo y me largo, hasta que te acuerdes que ninguna discusion es más grande que el puto pinche cariño que aún me tienes y que te tiene ahí, lamiendote las garras a la espera del nuevo encuentro, ese que creo es el mismo pero nunca ha acabado. 

Cuando me llamas siempre voy. Flojito y cooperando. Soy bien pinche fácil. Soy como me educaste. A responder a tus dedos tronando, a tu silbido secreto, a tu suspiro incompleto. 

Cuando quieras, quiero. Cuando quieras. Quiere.



martes, 24 de noviembre de 2009

Calca

Tengo un trabajo de medio tiempo que nadie de mis amigos conoce, una identidad desconocida que no revelo a nadie, sólo cuando me descubren y después de haber fingido demencia por un rato, puedo confesar que si soy yo. El tipo que dibuja en la banca del parque y que te hace retratos, soy yo.

Lo hago para satisfacer algunas manías que tengo y que sólo el dibujo puede darme, no lo hago por el dinero, aunque debo de confesar, que hay días en donde gano bastante, pero así como recibo los billetes, los regalo a la primera persona que extienda la mano y me lo pida con los ojos llenos de esperanza.

Porque cuando retrato a las personas puedo permitirme mirar fijamente a alguien sin que esa persona se extrañe y me acuse de acosador, de enfermo, pero es que disfruto tanto ver los rostros, las historias que hay detras de las arrugas, de la mirada vacía, de los nervios de la novia que no quiere suficiente al novio pero que accede a hacerse un retrato a sabiendas de que algún día va a tirarlo a la basura, disfruto sobre todo de las cicatrices, de las imperfecciones que tienen y tenemos, pero como si fuera yo un diseñador, corrijo y procuro regalarles una versión limpia y perfecta de ellos mismos, una versión de ellos mejorada. 

El otro motivo por el cual dibujo es porque siento que pirateo a Dios, que hago copias apocrifas de las personas que Él creo y sobre todo y como ya lo dije, corrijo sus errores y por unos instantes, perfecciono lo perfecto: Las personas. 
Dios no sabe que lo copio y si lo sabe lo permite, lo cual lo hace complice en un autosabotaje de Él mismo, en un autorobo de su propiedad intelectual y por eso mismo, sé que no presentará cargos, porque disfruta a final de cuentas de la complicidad, de compartir este vínculo criminal conmigo, disfruta del delito tanto como yo. 




japón

Bajamos en el Alhambra-bus, ruta 312, más o menos a las 4:20 de la tarde, hacía un calor del carajo y estabamos exahustos-yo un poco desilusionado- de lo que habíamos visto esa mañana.

4 horas de recorrido y lo más interesante para mí había sido la charla en uno de los descansos, con un par de matrimonios argentinos que creían que yo era brasileño, no se si por mi color de piel o por las chanclas  Havaianas que traía. Hablamos como siempre de dinero, de politica, de los problemas que como latinoamericanos compartimos, de las esperanzas, de la comida y de todo lo que puedes hablar con desconocidos. Unos eran profesores de una universidad en La Plata, la otra pareja eran argentinos radicados en Marsella que recorrían juntos, compartiendo gastos supongo, el tour por el sur de España.

Los profesores me recordaron a mis padres. Agradables, conversadores, simpáticos pues.

Y fuera de ahí La Alhambra no me había cambiado la vida esa mañana y que mal, porque tenía solo dos horas más en Granada antes de partir rumbo a Madrid a pasar la noche y regresar  ami país tres días después desde Barcelona conectando Londres.

Estaba lejos de casa pues.

Siempre me han dicho que los hombres japoneses son muy secos, que tratan a las mujeres como inferiores, que no quieren, que todo es trabajo y que sus mujeres, a pesar de ser emprendedoras, trabajadoras y muy inteligentes, dejarían todo por seguir al hombre de sus vidas. 

Eso lo he leído en blogs y en libros y lo he visto en el noviazgo que lleva uno de mis mejores amigos con su chica japonesa que los ha hecho enamorarse en Toronto y vivir alejados de sus patrias pero formando una nación nueva, la de ellos.

Pero toda la percepción que tenía se derrumbó y pude ver, una de las imágenes más tiernas que me llevo de mi viaje, teníamos un chofer que manejaba intrepidamente por las estrechisimas calles de esa ciudad y como destino final la plaza Isabel La Católica, el tipo venía como un loco y cantando sin preocuparse que los que no veníamos sentados hicieramos el máximo esfuerzo por mantener el equilibrio. A mi lado iba Gabriela, mi amiga mexicana radicada en Madrid y quien me dió asilo y su amistad durante los días que fuimos viajeros, al lado de ella una señora estereotípicamente española y frente a ella, una pareja japonesa, muy jovenes, ella líndisima, creo la mujer oriental más guapa que he visto en mi vida, su chico no era el hombre más agraciado creo, pero tenía esa elegancia y buen sentido de la moda que tienen todos los hombres japoneses y que envidio cuando al llegar a mi closet veo que mi ropa, aparte de vieja, es fea.

El Alhambra-bus 312 frenó para no impactar a un motociclísta que no había respetado un alto, todos perdimos el equilibrio, yo choqué con Gabriela, ella con la señora española y la chica japonesa a punto estuvo de caer, pero el brazo de su chico la sujetó fuertemente evitando con esto la caída, con el brusco movimiento, la chica había perdido sus lentes que cayeron por una rendija de la puerta que no había cerrado del todo, el chico japonés pidió que el bus se detuviera y corrió hasta el punto en donde los lentes de su chica habían caído. Los tomó y regresó rápidamente al bus. La chica lo miró con tanto amor que sentí envidia. Ojalá algún día alguien me mire así.

Bajamos del bus y supe que Granada me había servido mucho después de todo y que la impresionante construcción mora que acababa de ver hacía unos minutos, no se comparaba con la majestuosidad de una mirada llena de amor.

Camino a Madrid soñé con la chica japonesa, su piel blanca, sus ojos, su sonrisa. Ojalá su chico la quiera siempre como la quiso esa tarde.


lunes, 23 de noviembre de 2009

fechas

El sábado, 30 de julio de 2005 08:36:59 a.m desde Florencia, Italia, una chica me quería más que nunca.

El jueves 20 de diciembre del 2007 a las 11:08 de la mañana desde Monterrey, México, una chica se había comprometido a ir por mi al aeropuerto.

A ambas, cuando son las 3:52 de la tarde del lunes 23 de noviembre del 2009, las sigo queriendo y para una de las dos, ya no existo. La otra nomás se hace la difícil.

Borro mails antiguos los lunes que son  relajados, pero por más que me he desaparecido mails y mails, esos dos no puedo borrarlos porque ambos reflejan que al menos, por un breve momento, fui tan importante como para recordarme y extrañarme en otro continente o tan importante y querido como para tomar un pequeño compromiso pero a la vez tan importante como lo es recibirme en el aeropuerto.

Ambas ya no están y yo tampoco estoy. A la distancia y en el olvido, el pasado es un vacío inmenso que no lleno ni con todas las palabras que he escrito en la larga lista de computadoras en las cuales alguna vez he tecleado algo y que comprenden, desde la primera PC que llegó a casa de mis padres, pasando por los horribles cybercafés de monclova, o la lujosa y exclusiva computadora de un estudio de postproducción en la Condesa, hasta esta misma en la que me he dado a la tarea de escribir la mayoria de los post que aquí lees.

Algunas veces me pregunto, si aún vivo para ellas en el buzón de Recibidos de sus cuentas de Hotmail. 
O si ahora me encuentro y formo parte del Spam, de la cyberbasura, del correo no deseado.






domingo, 22 de noviembre de 2009

payasos

El rítmico pac-pac  de una torreta encendida, brillando como cristales en la noche lluviosa de mayo, un codigo morse que nunca dice nada y que a lo lejos se va perdiendo en las avenidas que nadie transita, en la ciudad que nadie visita, en el país que ha dejado de ser.

Nada parece cambiar la misma noche que se ha ido repitiendo desde hace mucho tiempo, tanto que ya no se recuerda. Tanto, que ya no importa.

De pronto, la novedad irrumpe y el tedio se va, algo que hacer, un momento nuevo, una variación de la tierra en la escala de Richter de nuestra noche, algo tan pequeño como una luz delantera averiada en un viejo Topaz 94.

El oficial Manrique sube a su patrulla y sigue al coche, el coche no se percata aún o le importa poco, el oficial acelera y enciende la torreta, por el altavoz le pide al conductor que se detenga en un costado de la carretera. El Topaz 94 se detiene, la patrulla también. El agua cae del cielo en una minuscula lluvia que no termina de empaparlo todo al cien.

El oficial desciende de su patrulla, hoy no tuvo compañero, Torres se reportó enfermo y a Manrique no pareció importarle, de todas formas Torres no sirve de nada.
Avanza lentamente y saca de una de las bolsas del impermeble una pequeña linterna, la libreta de infracciones y una pluma. El Topaz 94 sigue encendido. 4 pasajeros en él.

El oficial se acerca a la puerta del conductor, el vaho del interior impide verlo bien, el tipo baja manualmente el vidrio, el chirriar de la vieja manija es desesperante y la acción dura más, mucho más de lo que debería de durar, una eternidad, el sonido de un trailer que baja su velocidad lo interrumpe todo.

Manrique enciende la linterna e ilumina al conductor, no puede evitar sonreír un poco ald arse cuenta de que quien conduce es un payaso, maquillaje blanco por toda la cara, una sonrisa permanente de color azul y una peluca multicolor, ropa brillante, olor de colores y cerveza.

El oficial intenta hacer un comentario que rompa el hielo, algo como "que ustedes no viajan en coches mucho más pequeños?" el payaso no ríe, el copiloto, una botarga cabeza de rana y cuerpo con ropa de bombero descansa la borrachera contra el vidrio de su asiento.
El oficial no insiste en ser gracioso, le pide al payaso su licencia y los papeles del coche, en el asiento de atrás la botarga de una ardilla duerme, un segundo payaso intenta encender un cigarro, el encendedor anaranjado se le resbala de sus manos llenas de pintura. 

Payaso conductor revuelve la guantera, payaso del asiento trasero bebe de un trago largo todo el contenido de una lata de cerveza, el oficial Manrique aguarda, buscando en su mente la forma en la cual va a contar la historia cuando llegue a la estación. "Detuve un carro lleno de payasos, venían hasta su madre" "Un payaso vomitó de colores" "Estuvieron tan chistosos que los dejé ir".

Payaso del asiento trasero baja del coche, sus grandes zapatos-al caer en un minusculo charco- salpican las botas del oficial Manrique. Perdón, le pide el payaso...Perdoneme amiguito-corrige metiendose en su personaje. Manrique sonríe y busca en sus bolsillos un encendedor.

Enciende el cigarro del payaso, éste sonríe, Manrique observa como el humo del escapa de la sonrisa tatuada en el rostro del payaso quien observa pasar un auto compacto y al hacerlo, los salpica a ambos, el payaso suelta una carcajada y Manrique también. "puta vida" parecen decir y comparten una complicidad de mojados. 

Payaso conductor saca el brazo por la ventana llamando a Manrique. Payaso fumador se seca el rostro ahora un poco despintado por el agua que lo acaba de mojar. Manrique se agacha sobre la ventanilla y payaso conductor le extiende su licencia, "como sé que es usted si trae la cara toda pintada", Manrique ríe de su chiste. La risa se corta cuando observa por primera y detenidamente a la botarga de rana, no es pintura lo que sale de su pecho, no hay ningún sonido, ningún ronquido en rana o ardilla.

Manrique siente el calor de un cigarrillo apagandose en su oreja, el dolor lo hace soltar un grito y la lámpara, sus manos son sujetadas con demasiada fuerza por payaso conductor. Manrique siente el filo de un cuchillo, la lluvia sigue cayendo y en su espalda tiene nuevos huecos por donde el agua se mezcla con la sangre, payaso exfumador ríe, payaso conductor le manda besos al oficial que no grita ni se mueve, su rodilla toca el suelo, la lluvia arrecia y payaso exfumador mira hacía arriba y su cara se despinta. 

Payaso conductos baja del auto, va a la cajuela y saca una cabeza de conejo. Entre ambos payasos le colocan la cabeza y lo suben al auto. Encienden el coche y se reincorporan a la carretera. 

Dos payasos, una rana, una ardilla y un conejo van por una autopista en un chiste que no da gracia, en una broma que no divierte. 

Una patrulla con la torreta encendida en medio de la lluvia de una noche de mayo. 

A lo lejos, el chiste se pierde para siempre. Avanzando con una luz averiada.





viernes, 20 de noviembre de 2009

ciegos

Si todo lo que no se da se pierde, ya perdimos todos no?

Daniela razonaba así cuando el cielo se apagaba, cuando las luciernagas nos iluminaban los ojos, cuando el frío se colaba por las orillas de la pequeña casa que rentabamos.

Y nunca me dijo que no. 

Le propuse cosas por demás difíciles, modelar lenceria en un aparador en Montera, ser edecán de un mago en la calle Gitanos de Sevilla, dependienta en un cybercafé en pleno Argeles des Mar, nunca dijo que no, nunca dijo nunca.

La amé por eso, por ser mi sustento y mi motor. Y ella me amaba sin yo nunca haberlo merecido.

Porque mientras ella modelaba en Montera yo la engañaba con alguna puta de esa calle, cuando el mago solicitaba su presencia en un acto en plena tarde, yo me iba al bar más cercano de nuestro hostal y me cogía a la dependienta en la alacena, cuando ella no hacía nada más que repartir los tickets y las computadoras en Argeles, yo me perdía en las calles más cercanas a la playa y buscaba que alguna mujer me sacara del tedio en el cual, creí que Daniela me tenía. Y yo les contaba una triste historia de como mi mujer era una villana que me engañaba con todos los jefes de sus empleos, y la rebajaba a una puta que haría lo que fuera por dinero.
Todas mentiras.

Eso creía yo, hasta que un día que regresé a casa, el mago me había aparecido unos cuernos inmensos en la cabeza.

Con un mago, carajo que verguenza. Me hubiera sentido menos ofendido con un gitano o un enano...pero un mago. 

Al día siguiente, ella y el mago desaparecieron. Se esfumaron en Sevilla y yo mismo lo hice. Regresé a México sin mujer y sin dinero. Magia. 

Aún pienso en ella cuando enciendo la televisión y el Mago Frank ve que lo veo, la extraño no lo niego, pero creo que con el Mago debe de ser feliz, porque a final de cuentas, de mí se fue porque nuestra magia como pareja se había terminado. 

A veces, cuando voy a ver un show de magia al teatro cercano de mi casa, espero con ansias que aparezca ella en vez de un tigre o que la chica que parten en dos sea ella y el truco falle. Pero nada pasa nunca, nunca pasa nada.