jueves, 31 de diciembre de 2009

Desorientado

Cuando avanzo por a carretera y veo la neblina que lo cubre todo, me lleno de paz. El motor del coche revolucionando el camino. Los kilómetros que dejamos atrás se convierten en metáforas instantáneas de lo pasado. De lo avanzado. De lo que no volverá.

Siempre me he sentido ligado a los caminos. Desde niño. Mi padre nos llevaba a mi familia y a mi al rancho familiar en un pueblo cercano a mi ciudad. Dos horas y media de camino por una carretera terrible. La ausencia de una buena señal de radio no nos permitía distinguir una canción completa, el pequeño y modesto coche familiar era un punto que se movía en el horizonte, 5 personas unidas por un vínculo indestructible. La familia. El camino.

No he dejado de viajar y no quiero dejar de hacerlo. Sigo en movimiento cada día y cada día dejo kilómetros detrás de mi, mi coche me lo indica, mis tenis gastados también, los recuerdos de las personas que he conocido lo confirman aún más.

Cuando viajo, me siento más vivo. Más yo. El único problema es que siento que aún no llego a mi destino, que es un destino que se mueve y se pone más lejos. Cada vez más. Y no se si es un lugar o un momento o una persona. O quizá es los tres a la vez y no me he dado cuenta y lo que es peor, quizá ya pasó y rebasé a mi destino y eso me encabrona y me desorienta y desearía tener una brujula y una libreta en donde hubiera anotado cada momento de mi vida y poder regresar al punto en el que todo comenzó a defragmentarse en miles de bifurcaciones, de caminos cerrados, de vueltas en U, de esperanzas disueltas en agua, de retazos de tiempo que caén como ceniza volcánica en mis pensamientos...pero no se puede. Porque eso no existe, porque el camino sigue y yo sigo con él, esté o no en la ruta correcta. 

Hoy sólo tengo el consuelo de que a mí, ..... ...... me gusta viajar. 


domingo, 27 de diciembre de 2009

Rustico

El titanic naufragando en mis labios, el cielo que derrama una brisa marina y el rumbo que toman los coches alejandose de la rutina de una ciudad aún con resaca.

Creo en el destino, en los momentos que perduran y se vuelven estampas de tiempos increíblemente oportunos, creo en las cosas que se acomodan y que los guiones de las películas nunca pueden igualar. Porque pasan y se quedan para siempre. Creo en los ojos que se caen de bonitos y que al mirar la taza de chai latte, recuerdan.

Siento que lo dicho puede caer ante un momento oportuno, que la sinceridad de una pregunta bien hecha no inhibe, detona. En un parque lejos de mi casa, me sentí seguro, el frío no tocaba mis manos ni las de ella, el frío se quedó en otros días, en aquellos que ya pasaron.

Consigo detener el tiempo de nuevo, al chasquido de mis dedos todo se vuelve de papel, un set a oscuras y de nuevo, repito la escena, ella siendo ella, yo siendo el mismo. Naufragando en plena Avenida Garza Sada. Naufragando sin tener miedo. 




Cambiar de tren

"El tren que separa los días que han pasado, corre veloz por las vías de los recuerdos, por los olores afrutados que la melancolía desprende".

Sentado todo el día en el sillón de una casa a oscuras, con miedo de encender la luz y arruinar la paz que vive a costa del silencio, espera. Espera callado que todo tome un nuevo giro, que vuelva ella, que vuelvan ellos, que vuelva el tiempo perdido esperando. Es como si nadaras teniendo solo un brazo, en circulos, como un perro que se persigue la cola durante horas. Esperar es perder. Perder es esperar.

El tren se fue. Con ella. Sin él.


miércoles, 23 de diciembre de 2009

Especial Navideño

Tengo en mi lugar diferentes objetos, juguetes, una toronja, hojas con briefs y mi teléfono. Tengo también una duda y un sentimiento de culpa que pensé que hoy, casi en visperas de navidad, no iba a existir en mi vida.

Y pensé cerrar este blog. Malinterpretado. Egoista. Egocéntrico. Lleno de errores de ortografía. 
Este blog que me ha servido de válvula de escape. De confesionario. De amigo. De diario de mis momentos más tristes y alegres. Pensé cerrarlo pero no lo haré.

Porque sería cerrarme a mi mismo. A mi posibilidad de decirle a todos como me siento, como me ilusiono, como recuerdo y juego con las letras y los días que pasan, como soy y como no soy también.

Y creo que decirle adiós a una parte de mi sería contraproducente. Sólo pido a quienes lo leen algunas veces, que no todo aquí es cierto, que no todo aquí me ha pasado, que no todo aquí pasará. Pero que muchas cosas sí, porque escribo de lo que conozco, de lo que siento, de lo que vivo.

Este blog seguirá abierto. Ese es el especial navideño. Los que se sientan felices por ello se los agradezco, los que no también, porque aunque no coincida, respeto.

La nieve no cae en mi ciudad hoy. Este ejercicio literario de dudosa calidad, tampoco.

Felices fiestas.








martes, 22 de diciembre de 2009

suerte

Comiendo con ella en un pequeño restaurante japonés cerca de su casa. El sol afuera y ella con lentes oscuros negros, sentada frente a mi. Sus ojos, que creo son bastante más bonitos que el promedio de los ojos de todas las personas que conozco, me miran pero no se dejan ver. Detrás de ella, en el negocio situado frente al restaurante, se lee : DIVORCIOS URGENTES. 3,900 EN  SÓLO 30 DÍAS. Suena un click en mi cabeza, una fotografía.

Esperandola a ella, tenemos 13 años y nos vemos en la casa de una amiga de los dos, sus padres no están, sale con un vestido floreado y yo la observo y es la primera vez que me doy cuenta de que tengo un corazón que se mueve por y con ellas. Tengo 13 años y toda la vida para enamorarme. La tomo de la mano y la beso mientras la amiga en común nos espía tras la cortina de la cocina y en la mesa de madera hay una jarra de limonada con hielos. Un canario agita sus alas en la jaula en cámara lenta.

Hablando con ella, ceno un sandwich de jamón y queso mientras estoy al teléfono contándole las cosas que ya le había contado en persona, mi madre me grita que cuelgue pero no la escucho, sólo la escucho a ella y cuando habla, quiza percibo a través de la bocina, el olor a chicles de mora azul, el olor de sus besos, su lengua humeda y caliente en mi boca, mis manos nerviosas en la oscuridad del cine. No cuelgo el teléfono, la llamda dura para siempre.

En la cama con ella, me besa los ojos y me dice al oído que me quiere, que la quiera siempre, rodamos por la cama, nuestra ropa en el suelo y nuevas sensaciones me recorren, me liberan, tiemblo de nervios y su cuerpo salado es un camino sinuoso. Su cuerpo desnudo sobre mi se vuelve eterno.

Leyendo un mail de ella, sonrío cuando me cuenta que el master en Madrid va mejor de lo que pensaba, leo también entre los muchos Te Quieros, que ya no volverá siendo la misma, adivino entre las letras que componen su largo correo, que se ha enamorado de un español. Tuve suerte, pensé, fue bueno dejarla antes de que todo pasara y no pudiera solucionarlo. En el cybercafé donde estaba, entra una brisa de cabellos rubios y discusiones en un taxi. .......@hotmail.com se me queda en la memoria. 

En el metro con ella, traigo bajo el brazo una edición de un libro de Pérez-Reverte y la abrazo fuerte para que no caiga, chica de la udem en metro, le digo al oido que siempre la voy a querer, lo cumplo. Ella me toma de la mano y caminamos por la estación Félix U. Gómez, bajo las escaleras sujeto de una mano que no voy a soltar, ni aunque nos separen los años, las personas, la distancia. Nuestros converse bajando por la escalera no dejan de bajar nunca.

En la oficina sin ella. Recordándola en sus muchas formas y personalidades. Colores, olores, sabores, momentos, espacios, siluetas, manos, ojos, vestidos, zapatos, voces, gritos, llantos, te quieros, noches, días, tardes, coches, sonrisas, que pasan por mis ojos como una tormenta desbordando una represa, como una estampida de bufalos que se impactan contra un muro, como un rosario interminable de silencios. Tuve suerte. Tengo suerte. Tendré suerte.

En la oficina, yo.


 

lunes, 21 de diciembre de 2009

pan con tomate

guixha... dsd barcelona says: (10:33:25 AM)
en un rato me voy a las ramblas y me acordare de ti...

Estoy seguro que ella sabe que cuando yo fui por primera vez a Las Ramblas, me acordé de ella, iba bajando en bicicleta rentada, esquivando vendedores y turistas como yo, con una sonrisa y un sol engañoso porque el aire estaba frío en mis pulmones, acababa de almorzar pan con tomate y una coca cola con hielo y lima. Traía una mochila que aún sonaba en las tiendas cuando entraba, traía una bufanda y una libreta para escribir lo que fuera pensando, mi cámara digital y mi cerebro lo grababan todo.

Y pensé en ella antes de entrar en una exposición fotográfica de la India, y pensé en ella cuando le dí un euro a un inmigrante africano, y pensé en ella cuando en el mercado me senté a tomarme una cerveza. 

Ella estaba en mi ciudad (porque es mia nada más) alistándose para irse a vivir una aventura que nos iba a tener, justo un lunes 21 de diciembre del 2009, con los papeles invertidos, ella en barcelona, yo en su ciudad (porque es suya nada más). Ella en Barcelona pensando en mi. Yo pensando en mi pensando en ella en Barcelona. 

Mi lunes se llena de recuerdos, nostalgia y ganas de verla a los ojos. Mi lunes (porque es mio nada más) se vuelve infinito.

domingo, 20 de diciembre de 2009

chipirones

Pasaba por los pasillos de un supermercado, viendo las latas, los anaqueles llenos de especias distintas, los pasillos llenos de especies distintas.

Y no dejaba de pensar en fechas de caducidad, en el tiempo que tardaron todas las cosas para llegar aquí, a mis manos que juzgan cual verdura sirve y cual no, cual costo es indicado y cual no, cual oferta es perfecta y cual no. 

Salgo de ahí escuchando aún en mis oídos el zumbido de la luz neón, de la luz congelada que desnuda las imperfecciones de todos, que nos vuelve más humanos, expuestos ante los demás sin nada más que lo que somos.

Salgo de ahí y te busco.

Y te escucho y te cuento lo que soy y lo que fui y me río y me confundes y me doy cuenta de que no podré hablarte de amor porque te quiero mucho para eso. Y me divierto con eso. Y te ríes y me da risa tu risa y bajo la luz de la puerta de entrada de tu casa pienso que mi camiseta de Itchi and Scratchy me irá bien el jueves.

Y te digo adiós. Oye... volteas y te digo nada. Subo al coche y a casa.