viernes, 21 de enero de 2011

fecha de caducidad

Sabes que nuestra relación tiene fecha de caducidad verdad?-me dijo ella mientras se ponía las medias y empezaba a levantarse de la cama.

Claro, todo tiene fecha de caducidad, porqué no habríamos de tenerla nosotros también?- le dije siguiéndole el juego.

Porque hoy es el día límite, hoy me voy y no me vas a volver a ver- ella decía esto sin emoción, fría, mientras se miraba en el reflejo de mi televisor apagado y se acomodaba el cabello. Odiaba su fleco.

Tengo motivos para alarmarme? es cierto que te vas y que ya no te veré? repercute algo en mi? me importa pues?-le dije congelando lo más que podía las palabras, procurando que no se quebraran, que salieran sin dolor.

Ella caminó al baño, el ruido del agua corriendo. La ventana abierta ligeramente, azotando quedamente. Una sinfonia de sonidos caseros como despedida.
Después la puerta. La llave que caía al suelo. Los pasos en la escalera. El silencio.

Camino al refrigerador ya no está ella. En los alimentos reviso el código, la fecha. Si tan sólo aún nos quedara un poco más de tiempo. Si tan sólo no fuera todo tan perecedero. Si tan sólo, tan solo.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Colirio.

Hablaban de colirio para los ojos y nunca entendí de que se trataba.

Años después seguía sin entender esa palabra y no quise buscarla, no sé, me gustaba tener aún cosas que ir descubriendo con el tiempo, cosas que se elevaran en mi cabeza al momento de que aparecieran y bam! ahí estaba la respuesta.

Ella no lo sabe pero yo sí, en todo este tiempo, cuando he caminado a su lado, vuelo un poco, voy con los pies despegados del suelo pero ella no lo ve, porque me agarra fuerte de la mano y evita que como globo, me eleve hasta la estratosfera y estalle en mil pedazos de mi que al caer serían la desagradable sorpresa de los demás paseantes.

Me imagino con ella en una banca en un parque de NY, ambos, cansados de pasear todo el día, observamos a la gente y hacemos chistes sobre ellos que nadie entiende. Entonces ella comienza a elevarse y se pierde en el sol y yo recibo su luz que se ha mezclado con el aire y me envuelve en un halo de piedras preciosas doradas, en un polvo que se me mete por la nariz y me impide respirar y me seco como yeska en verano en la sierra y ardo.

Todo es posible mientras las mantarayas sigan desmadrando aún el mar, todo es posible mientras puedan existir los cambios de ritmo en el futbol, todo es posible mientras aún tenga diez minutos más, diez minutos para decir en papel electrónico que todo es posible.

sábado, 18 de diciembre de 2010

la boca del lobo

Patético intento de acabar con lo que no tenía a la mano.
La llamó desde un teléfono público para amenazarla de muerte y colgó, oculto bajo el anonimato y la distancia, le dijo que en 2 días la iban a matar.

Ella colgó y se metió a la cama en donde él, el hombre por el que había dejado todo, dormía como una piedra.

Dos días después ella estaba sentada en la mesa de la cocina, nerviosa esperaba a quien le iba a desmadrar la vida, a quien juró que iba a matarla, ella ya no estaba como para andar corriendo.

Entró Gabriel, no el ángel, su ex marido y no le dijo nada. Ella le sirvió un vaso con agua y él lo bebió de un trago. El amante de ella no estaba ya en el motel.

Gabriel desenfundó un viejo cuchillo, ya mellado y oxidado, le dijo que la mataría con el, así, aunque se tardara más pero quería que ella sufriera todo lo que él había sufrido.

Ella se recargó en la barra y lo invitó a matarla.
Gabriel se acercó lento y le dijo al oído que después de hacerlo, se mataba él mismo.

Ella no se resistió.

Él descargó todo su coraje y ella no metió las manos.
Se mató después y se llevó a la tumba, la mirada de ella.

Los zombies comenzaron a comerse a los marcianos azules en el fondo del lago.

JAJAJJAAJAJAAJAAJAJAJAAAJAAJAJAAJAJAAJAJAJAJAAJ


jueves, 9 de diciembre de 2010

Seguir

Mis días mejores son aquellos en donde nada pasa, son en los que el tiempo existe como una gelatina que nos atrapa y nos engulle y nos deja estar dentro de ella, alimentados, cálidos, eternos.

Los días mejores son los que nos regalan alas, los que nos desatan amarres, los que nos filtran palabras de aliento por los poros de las horas y que al escucharlas caemos como presas fáciles de lo positivo.

Los mejores días son los que nos alimentan los miedos, los que funden la soledad con el dolor, los de la amargura, los de caminos sin salida.

Los mejores días son iguales a los peores.


martes, 30 de noviembre de 2010

Eliza

Desde la primera vez que hablé con ella a el día de hoy, más o menos a las 6 de la tarde, nos han pasado tantas cosas juntos que me faltaría tiempo para decirlo todo.

Ella llegó y preguntó por mi en el auditorio de la preparatoria #8 en donde yo trabajaba ayudando en las proyecciones y perdiendo el tiempo, ella llegó y me dijo que teníamos una persona en común.

Ella tiene la piel muy blanca y el cabello muy negro, siempre me ha parecido muy guapa aunque para algunos no lo es, tiene una de sus orejas en forma de duendecillo y de esa fecha a acá, ha cambiado de color de cabello cerca de 7 veces.

Tenía un piercing en la lengua ese día, era un dado. Traía una blusa de Oasis y me dijo que no quería estar en clase y que si podía fumarse un cigarro conmigo. Lo compartimos. Quedamos de vernos al día siguiente.
La rutina se repitió dos meses seguidos. Al tercero ella estaba suspendida de clases y no volvimos a vernos en la preparatoria.

Ahora nos veíamos afuera. Pasaba por ella en mi VW blanco y nos ibamos al cine o a cenar. Su madre siempre me tuvo un cariño muy grande, ella tiene un hermano mellizo que nunca he visto en vivo y un par de sobrinas hermosas y destructoras compulsivas de juguetes. La besé una vez en una tienda de mascotas. Fue rápido y estúpido. Me dijo que eramos amigos, le dije que me perdonara y no volvió a pasar.

Seguimos siendo amigos muchos años más. Nos hacíamos compañía y platicabamos abrazados afuera de los cines, cenabamos y nos contabamos cosas de quienes nos gustaban y quienes nos habían roto el corazón. Teníamos grandes conversaciones teléfonicas, su teléfono es de los pocos que me sé de memoria. Ella odió a Karla, yo a Roberto. Nuestros exqueveres.

Ella fue a verme a Monclova cuando yo vivía allá y por idiotas nunca nos pudimos ver, las telecomunicaciones nos jugaron una mala pasada y cuando la ubiqué, ella estaba en un bus a Real de Catorce y yo estaba en la central fumando desesperado y triste.

Nos dolió mi partida a México. Nos dolió la distancia de la misma forma que amamos mi regreso. Nos emborrachamos una noche, sólo una noche de confesiones y pactos.
Dos semanas después una llamada suya rompió mi noche y me obligó a ir a un cajero a retirar 4,000 pesos para pagar la mordida del choque en el que ella había destrozado su auto. Al llegar a Constitución y Revolución, ella tenía sangre en la cabeza y un oficial me pedía 8 mil pesos. Le dí 4 y quedamos bien. La llevé a los separos y salimos de ahí abrazados y con el imbécil de su amigo hablando de lo mierda que eran los policías, yo le dije al tipo que el imbécil era él por dejar que ella manejara, no lo llevé a su casa, a ella sí.

La última vez que nos vimos le conté de mi actual novia, aún no andaba con ella y ella me dijo que se escuchaba buena persona, le dije que sí y quedamos de vernos la siguiente semana. No ha llegado esa siguiente semana.

La quiero mucho, no me da miedo que mi novia lea esto, quiero a Eliza con todo el cariño de tantos años juntos/separados. Es mi recuerdo de Eliza, es mi cariño por los recuerdos, es mi amor por mi en las distintas etapas de mi vida, es Eliza y soy yo.

Hoy me avisa que está embarazada de su novio, un buen tipo y sonrío con el corazón y la memoria. Felicidades chavita. Te quiero mucho.

viernes, 26 de noviembre de 2010

En el bosque no se escucha.

Van a tirar los cuerpos allá atrás, me dijo la niña mientras señalaba el camino rumbo a la montaña, le dí las gracias y avancé a pie por el camino empedrado.

¿Qué carajos hace un tipo como yo metido en cosas que no debe? no sé, no quería saber y salí de casa la noche en que leí en las noticias el descubrimiento de la fosa clandestina más grande de este país. La noticia me rompió el corazón, esta vez había niños entre las víctimas y no podía quedarme impasible ante lo que escuché en la televisión, tomé algo de dinero, una libreta y me fui en el primer autobus rumbo a la Sierra de Durango.

Al llegar al pueblo nadie me quería llevar, sólo aceptó un señor en un vochito alterado para montaña y me costó 300 pesos. Lo quedé de ver en la plaza a las 6 de la tarde. Llegué a la zona de la fosa cerca de las 10 de la noche.

A la mañana siguiente subí solo el camino empedrado, al llegar arriba encontré a representantes de gobierno, de los medios de comunicación y a agentes policiacos, traían a un tipo lleno de sangre, consiente pero con la cara deformada a cachazos, el tipo señalaba un lugar, estaba esposado pero con la cabeza guiaba a sus captores. Se me acercó un policía y me preguntó que que hacía ahí, le dije que nada, que no era de ningún medio, ni siquiera narco. Me pidió una identificación, le pasé mi licencia.

Entonces viene desde monterrey a qué chingados? me dijo, le dije que venía a ver con mis propios ojos como se nos cayó el país, me dijo que mejor fuera que me fuera.

Me senté en la orilla de la fosa, hasta donde me lo permitieron los agentes. Olía a cloro y tierra mojada, cerré los ojos y me acordé de la vez que había ido a un pueblo cercano, fui de misiones de la iglesia y recuerdo que en ese viaje aprendía no confiar en el Dios para el que me dieron un manual y descubrí al Dios de los niños, de los árboles, del café y de la fogata, ese Dios también se nos murió.
La sierra, el bosque no era como yo lo recordaba. El lodo con sangre sabe a fierro y los gusanos se salen de sus escondites buscando restos de carne podrida, ellos están en su festín particular y a nosotros nos come el odio y las dentelladas de los perros que somos.

Me fui de ahí con un dolor en el pecho y un olor en la nariz que persiste.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

no lo entenderías

Algunas veces, desearía que todo no fuera así.

Encender el coche y largarme, perderme en el bosque o donde sea, conducir hasta que llegue el sol y hasta donde alcance el dinero que traiga, en las noches que sueño eso me despierto de repente con mucha sed y bajo la luz del congelador me da una pena grandísima, se me congelan los sueños con hidrógeno.

Soy tan predecible, tengo una crisis de 28 años, una ridícula crisis de 28 años que no se me quitan y que no sé que hacer con ellos, escucho y escucho una canción que me habla de despertares de terciopelo y yo no he vivido eso, hoy me despertó un pinche pájaro y le grité por la ventana, reté a unos chingazos a un triste pájaro, un triste yo.
Esto de madurar no es como me lo dijeron, no sé si me encanta sólo sé que pasa, que se me atoran en la garganta los años como gritos de impotencia y por eso se me pone el cabello blanco y de puros puntos revisé que el Grecian 2000 cuesta 34.60 en Soriana.

Necesito algo, un club de la pelea o algo, no sé. Una herida. Un golpe de hielo.
Despertar con culpa.

Necesito desesperadamente lo que nunca se me ocurrió que extrañaría.

Me necesito derrotado para levantarme de nuevo.