martes, 22 de marzo de 2011

Decir adiós

El acto de decir adiós no es tan simple como parece, no es sólo levantar la palma de la mano, colocarla a una altura superior de nuestra cabeza, abrir los dedos de la mano como un sol y agitar ese sol con movimientos de izquierda a derecha a un ritmo constante durante un periodo de tiempo que comprende la distancia en la cual tardamos en desaparecer del rango visual del objeto de nuestro adiós.

Decir adiós es más complejo y es una acción totalmente independiente del manejo correcto de una mano veloz y agitable, lleva consigo una despersonalización de lo que se quiere, lleva la sensación del olvido y sobre todo, lleva un gran dilema moral porque se deja ir sin tener la certeza de que se verá volver.

No confundamos el adiós con el hola. El movimiento indicado para una correcta bienvenida a la distancia es con nuestra mano levantada sobre nuestra cabeza y todos los dedos de nuestra mano abiertos, el hola puede ser de dos tipos, el hola excitado que agita de izquierda a derecha la mano con rapidez y ansiedad, y el hola de ubicación, el que sirve sólo para indicar que estamos ahí y que se caracteriza por una casi inmovilidad de la palma de la mano.

La mano, la palma de la mano específicamente, es pieza fundamental en ambos ejercicios sociales del ser humano, al menos en cuanto a las regiones occidentales del mundo se refiere, ambos actos requieren de total concentración para poder ser considerados trascendentes y no sólo superficiales, aunque el decir adiós y el decir hola a personas con las cuales no se tiene una relación cercana, elimina por completo las creencias vistas anteriormente y se convierten en actos reflejos de civilidad y respeto tan importantes pero a la vez tan vacíos y sin alma, como abrirle la puerta a una persona o cederle el lugar a una mujer mayor en el camión.

Decir adiós. Dejar que se vayan las personas y agitar la mano en el aeropuerto, en la central de autobuses o en el tren. Decir adiós cuando el crucero se marcha. Decir adiós cuando no se tienen más palabras para decir. Decir adiós con la mano, con los ojos, con la boca, con un abrazo.
Decir hola igual pero al revés. Como una cámara en reversa que nos narra esos instantes que no nos damos cuenta que vivimos. Adelantar. Regresar. Despedirse. Saludarse. Hola. Adiós.

martes, 15 de marzo de 2011

Granizada

Quisiera ser talentoso para que me quisieras, le dijo él a ella afuera de la escuela de artes en donde ella tomaba clases para cambiar el rumbo de las nuevas formas de expresión existentes.

Perdóname por ser un pinche contador, el chico lloraba tan fuerte que dejé de fumar y abandoné la lectura de la novela de Nothomb que me habían prestado y me dediqué a observar grosera y metichemente la escena.

Nos están viendo, párate...la chica apenada invitaba al chico a levantarse y acabar con la verguenza de la escena pero no con el dolor del chico, ella no le ofrecía tregua, le pedía que dejara de hacerla ver mal.

El chico se levantó y se dirigió a donde yo estaba y sin decirme nada me golpeó en el rostro. No opuse resistencia, creo que en cierta medida me lo merecía, el chico regresó con la chica y le dijo que si no lo perdonaba él se iba a matar.

Me acomodé los lentes y la cabeza después del chingadazo y seguí observando, escupí un poco de sangre y en vez de molestarme, el chico siguió dándome tanta pinche lástima que encendí otro cigarro para ver en primera fila, desde mi banca, todo lo que iba a pasar.

El chico volteó a verme y me miró con tanta rabia que pensé que iba a volver a golpearme. No lo hizo, seguían rodando lágrimas por su cara, casi podías oírlas al caer al suelo, era bien raro todo.

La chica entró a clase y el chico se quedó afuera. Fui con él y le dije que esa chica, la que tanto amaba no valía verga, que yo era su profesor de lenguajes audiovisuales y en una fiesta me la había cogido en el horrible baño de la casa, que él no merecía a una puta así, que si seguía llorando y golpeando gente lo único que iba a conseguir era una madriza o infarto.

Le invité a irse al carajo y el chico creo lo entendió.
Obviamente todo lo que le dije era una puta mentira, yo ni siquiera era maestro, esperaba a unos amigos que si lo eran y a la chica no la había visto jamás.

Algunas veces me gusta sentir que destruyo cosas, vidas, ilusiones, esperanzar, sueños, amores, himenes, cabezas, todo. Me hace sentir un poquito bien. Aparte el tipo me acababa de partir el hocico.

miércoles, 9 de marzo de 2011

La vida en mp3

Llevo conmigo una grabadora de voz, la llevo casi a todos lados y con ella he empezado a hacer algunos ejercicios raros como grabar sin que nadie se de cuenta, lo que platicamos durante la comida con la gente de la oficina.

He aprendido a desmenuzar las voces de todos, sus entonaciones y lo que dicen cuando dicen algo, de esa forma he podido descubrir que hay un chico que quiere con una chica, pero ese chico tiene novia y esa chica tiene novio. Imagino que sus pies se encuentran bajo la mesa y se acarician brevemente, una caricia accidental que libera endorfinas en su cuerpo, lo he escuchado en sus voces, en sus risas, en sus silencios incluso.

Me he enterado también por las voces, los que tienen miedo de morir, los que no traen suficiente dinero para pagar la cuenta, los que intentan ser graciosos, los que se ríen por encajar, los que no deberían de pedir un trago más. La verdad está en MP3 y yo la tengo. Por las noches descargo los archivos en mi computadora y comienzo a recortar las conversaciones según me plazca, y les doy entonaciones distintas y limpio de silencios todo y le pongo música e imagino que vivimos con un soundtrack divertido todo el tiempo.

La vida puede ser mejor si está en formato digital.

viernes, 21 de enero de 2011

fecha de caducidad

Sabes que nuestra relación tiene fecha de caducidad verdad?-me dijo ella mientras se ponía las medias y empezaba a levantarse de la cama.

Claro, todo tiene fecha de caducidad, porqué no habríamos de tenerla nosotros también?- le dije siguiéndole el juego.

Porque hoy es el día límite, hoy me voy y no me vas a volver a ver- ella decía esto sin emoción, fría, mientras se miraba en el reflejo de mi televisor apagado y se acomodaba el cabello. Odiaba su fleco.

Tengo motivos para alarmarme? es cierto que te vas y que ya no te veré? repercute algo en mi? me importa pues?-le dije congelando lo más que podía las palabras, procurando que no se quebraran, que salieran sin dolor.

Ella caminó al baño, el ruido del agua corriendo. La ventana abierta ligeramente, azotando quedamente. Una sinfonia de sonidos caseros como despedida.
Después la puerta. La llave que caía al suelo. Los pasos en la escalera. El silencio.

Camino al refrigerador ya no está ella. En los alimentos reviso el código, la fecha. Si tan sólo aún nos quedara un poco más de tiempo. Si tan sólo no fuera todo tan perecedero. Si tan sólo, tan solo.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Colirio.

Hablaban de colirio para los ojos y nunca entendí de que se trataba.

Años después seguía sin entender esa palabra y no quise buscarla, no sé, me gustaba tener aún cosas que ir descubriendo con el tiempo, cosas que se elevaran en mi cabeza al momento de que aparecieran y bam! ahí estaba la respuesta.

Ella no lo sabe pero yo sí, en todo este tiempo, cuando he caminado a su lado, vuelo un poco, voy con los pies despegados del suelo pero ella no lo ve, porque me agarra fuerte de la mano y evita que como globo, me eleve hasta la estratosfera y estalle en mil pedazos de mi que al caer serían la desagradable sorpresa de los demás paseantes.

Me imagino con ella en una banca en un parque de NY, ambos, cansados de pasear todo el día, observamos a la gente y hacemos chistes sobre ellos que nadie entiende. Entonces ella comienza a elevarse y se pierde en el sol y yo recibo su luz que se ha mezclado con el aire y me envuelve en un halo de piedras preciosas doradas, en un polvo que se me mete por la nariz y me impide respirar y me seco como yeska en verano en la sierra y ardo.

Todo es posible mientras las mantarayas sigan desmadrando aún el mar, todo es posible mientras puedan existir los cambios de ritmo en el futbol, todo es posible mientras aún tenga diez minutos más, diez minutos para decir en papel electrónico que todo es posible.

sábado, 18 de diciembre de 2010

la boca del lobo

Patético intento de acabar con lo que no tenía a la mano.
La llamó desde un teléfono público para amenazarla de muerte y colgó, oculto bajo el anonimato y la distancia, le dijo que en 2 días la iban a matar.

Ella colgó y se metió a la cama en donde él, el hombre por el que había dejado todo, dormía como una piedra.

Dos días después ella estaba sentada en la mesa de la cocina, nerviosa esperaba a quien le iba a desmadrar la vida, a quien juró que iba a matarla, ella ya no estaba como para andar corriendo.

Entró Gabriel, no el ángel, su ex marido y no le dijo nada. Ella le sirvió un vaso con agua y él lo bebió de un trago. El amante de ella no estaba ya en el motel.

Gabriel desenfundó un viejo cuchillo, ya mellado y oxidado, le dijo que la mataría con el, así, aunque se tardara más pero quería que ella sufriera todo lo que él había sufrido.

Ella se recargó en la barra y lo invitó a matarla.
Gabriel se acercó lento y le dijo al oído que después de hacerlo, se mataba él mismo.

Ella no se resistió.

Él descargó todo su coraje y ella no metió las manos.
Se mató después y se llevó a la tumba, la mirada de ella.

Los zombies comenzaron a comerse a los marcianos azules en el fondo del lago.

JAJAJJAAJAJAAJAAJAJAJAAAJAAJAJAAJAJAAJAJAJAJAAJ


jueves, 9 de diciembre de 2010

Seguir

Mis días mejores son aquellos en donde nada pasa, son en los que el tiempo existe como una gelatina que nos atrapa y nos engulle y nos deja estar dentro de ella, alimentados, cálidos, eternos.

Los días mejores son los que nos regalan alas, los que nos desatan amarres, los que nos filtran palabras de aliento por los poros de las horas y que al escucharlas caemos como presas fáciles de lo positivo.

Los mejores días son los que nos alimentan los miedos, los que funden la soledad con el dolor, los de la amargura, los de caminos sin salida.

Los mejores días son iguales a los peores.