martes, 27 de septiembre de 2011

Costuras

El sentimiento que deja el vacío, ese surco en el suelo que se amontona y se vuelve una patada en los huevos, ese hijo de puta que trata como su subordinado, no es más que la justicia divina en forma de kilómetros.

La separación de las cosas, dos imanes que no pueden estar juntos porque sus polos no los dejan, porque el tiempo no es benigno, porque llueve y no hay taxis en la calle con taxistas necios que insisten en contarnos esa vida que no nos importa más que la nuestra que dejamos allá, lejos, en el camino.

Los recuerdos son retazos de tela multicolor, algunas veces de diferentes texturas. Hay días en donde se vuelven una pieza de Lanvin, otros en donde no llega a ser ni una pinche camiseta de C&A. Los recuerdos son retazos de tela multicolor y punto.

Tomo fotografías de donde estoy para que estés. Lo sabías?
Imagino que estás sentada en la terraza esperando que llegue y te diga que hoy el tráfico estuvo horrible y que mañana sin falta volveré al metro. Tomo fotografías para crearme recuerdos que no existen y confeccionarme un traje completo en donde todo sea perfecto y las costuras no revelen que las telas vienen de distintos lugares.

La mejor forma de recordar es inventar.

Por eso invento mil y un chistes para que la gente crea que las personas que conozco son más divertidas e inteligentes de lo que son e invento finales acordes a las necesidades de las historias. Los recuerdos/inventos son más fáciles de manejar que los auténticos.
Inventemos pues lo que queramos y ya veremos que pasa allá, en ese lugar que aún no existe pero que espero y que espero que tú también esperes.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Argeles

Cuando desperté del profundo sueño en el que me había sumergido la botella de "Rey de Los Andes" un horrible vino chileno de 63,00 pesos, seguía con sed.

Me puse los tenis, una sudadera y bajé corriendo las escaleras del departamento, en el camino saludé a la "vecina misteriosa" de quien pienso es prostituta o asesina a sueldo, sexy en cualquiera de las dos formas.

Corrí a la calle para correr. Empecé este ejercicio de escapar de mi mismo para intentar alcanzarme o porque no, rebasarme.
Me gusta correr con frío y sentir como mi pecho se incendia en hielo y mi nariz es una ventila por donde se filtran los verdaderos Andes. Duele correr así. Duele desaprovechar una noche así.

Corro entre humos de mariguana de los tipos que aprovechan la oscuridad del parque para desaparecer, corro entre el vapor que despide el perfume en el cuerpo de la chica que va adelante de mi y que quiero alcanzar para decirle que el Halloween es un perfume tan viejo y tan tonto como los tenis verdes fosforescentes del tipo sin camiseta que va a mi lado gimiendo como si estuviera en un maratón sexual, perdón..en un terrible maratón sexual a juzgar por su cara desencajada de esfuerzo.

Escucho "don´t stop me now" de Queen y nada me detiene ahora. Soy una bola de fuego con hoodie. El rastro de mis pisadas en la grava. El vapor que sale de mis brazos semi congelados. Mi vida es una respiración a intervalos largos, cortos, cortos, largos.

Dejo de correr cuando me mareo y caigo al suelo. Respiro hasta que duele y soy feliz por estar vivo y tener ambas piernas (aunque una rodilla me esté matando), soy feliz por avanzar cada día más y no quiero que nada cambie hoy.

De repente, Argeles es un parpadeo. Un recuerdo. Una habitación sucia de hotel, una llamada que no realicé hace tres años. Debí de haberme despedido.

lunes, 5 de septiembre de 2011

De lo que pasa

Los cometas que dividen el cielo son rayas de coca galácticas que nos idiotizan a todos. De pronto caemos en cuenta de que no valemos nada y que la vida, la vida es un cometa que divide el cielo en fragmentos.

Los dinosaurios fueron creados por Jim Henson en asociación con FOX Global para que los niños tengan sueños de ser arqueólogos y compren productos relacionados con las marcas que ellos venden.

Santa Clos si existe, es director de una corporación y vende seguros de vida por internet.

La homosexualidad no existe. La heterosexualidad no existe. Tenemos años cogiendo entre nosotros sin saber que somos iguales todos y que quizá estás cogiendo contigo mismo.

La religión verdadera es la de los medios electrónicos y la que te dicta Vogue.

El momento más bello de tu vida no es un ocaso en París o en Baja. Es tan cotidiano, pobre y triste como un pordiosero de voz privilegiada que canta mientras grita en el metro que va de Observatorio a Pantitlan.

Todo es modificable menos la muerte y aún en algunas muertes puedes modificar el archivo.

Los espejos son cámaras microscópicas creadas para desarrollarte inseguridades y maximizar tus defectos. Los pagó Loreal y Vichy en los 40´s.

Los bancos llevan registros de tus compras y tu cumpleaños. Saben donde vives y que comes. Saben donde cenas y que desayunas. Saben que pagas porno en los hoteles y lo cargas a la empresa. Son entes gobernadas por personajes de ficción.

La vida es una caída libre. Tú decides la velocidad pero siempre acabarás como un impacto en el suelo.
Lo único que dejarás si bien te va es una raya de coca en el cielo, un cometa humano que incendia la noche.

jueves, 25 de agosto de 2011

Ecos de perros

Escucho el ladrido que no me deja dormir, que me taladra la cabeza como una culpa inmensa de cosas que dejé pasar, de personas que dejé de querer.

El perro no deja de ladrar y yo no dejo de pensar y recuerdo, el lecho en donde murió ella y los días de duelo que siguieron al disparo. Accidental. Eso dijo la policía y ambas familias. Las cosas pasan por algo me dijeron y yo no sabía que decir. Tendrás un ángel en el cielo que te cuidará, decían y yo lloraba inconsolablemente. Un ángel con un tiro en la frente.

La culpa es un espejismo horrible en el ojo que no te deja ver bien la vida, la culpa es un grito que nunca terminas de sacar del pecho. La culpa es el preámbulo de la muerte.

El perro se ha callado pero aún retumban en las paredes de mi cuarto sus ladridos, el sonoro y lastimoso quejido de un perro que no entiende porque ha sido encerrado de nuevo en el baño de una casa, los dueños temen que salga a la calle y muera, ellos no saben que él está muriendo dentro de ese lugar todas las noches.
El sonido del disparo aún retumba en mi cabeza, en las paredes de mi cráneo, se acumula, se condensa y llueven lágrimas de culpa, en cada una de ellas va su cara dibujada en el instante justo en el que una 48 especial le da un empujón a su frente que la desnuca y la sangre sale disparada a todos lados y me cubre.

Hoy quiero liberar a ese perro, tomarlo en mis brazos y subir a la azotea juntos. Saltar al vacío. Caer los dos. Morir de verdad y no en partes. Los ecos del perro no volverán a escucharse, los ecos del tiro dejarán de estar en mí para siempre.
La culpa, el perro. El sonido de ambos cayendo.

lunes, 15 de agosto de 2011

Caeser

Lo primero que aprendí a escribir fue mi nombre, César, pero lo escribía muy mal: Caeser.
Incluso en el baño viejo de casa de mis padres está aún mi nombre rayado con pluma. El error se quedó para siempre y con los años yo no. Dejé de escribirlo mal y comencé a hacer como que si sabía.

Fingir que sabes, imitar lo que otros hacen, perder para ganar, ganar a toda costa, los años me llevaron a lugares que no pensaba pero aún hoy, desde la distancia creo que mi mundo era mejor cuando yo creía que me llamaba Caeser.

domingo, 14 de agosto de 2011

De perder.

De nuevo soy el último en salir de la oficina y no me siento mal por eso, después de todo...no tengo nada que hacer si no trabajar.

Salgo a la calle y espero el taxi, no llega. Enciendo un cigarro y me dejo llevar por el humo. Viajo a un lugar distinto en donde los ecos de los recuerdos me desmadran en pedazos los ojos que se me caen en forma líquida al piso. El guardia de la oficina sale y me pregunta si estoy bien, le digo que si, que sólo acabo de recibir una mala noticia. El taxi llega y acaba con el momento incómodo aunque inmediatamente se convierte en otro, no recuerdo donde vivo.

Seguro que no sabe donde vive, me pregunta el taxista, le digo que no pero que conduzca rumbo al sur de la ciudad, quizá encuentre las pistas necesarias para saber en donde vivo o al menos consiga un buen lugar en donde dormir, no sé. No sé nada y ni siquiera sé como me llamo ahora pero bueno...eso importa acaso? los nombres son sólo etiquetas que nos cuelgan y que nos definen algunas veces si y otras no. He cambiado tanto de nombre los últimos años que no recuerdo cual fue el primero, el genesis de mis nombres, la forma en la que se dirigía a mi mi madre, la primera vez que Susana lo dijo a los 8 años en el patio de la escuela. Que importa, nada importa.
El taxista comienza a desesperarse y sospecha que quiero hacerle algo, idiota, si quisiera lo hubiera hecho. No quiero hacer nada y ni siquiera quiero llegar porque no existo, no sé. Suena el teléfono, contesto. Preguntan por Marcos, ¿Marcos... me llamo Marcos? o es un número equivocado? no sé, no tengo cara de marcos.

El taxista me deja en donde le digo que recuerdo que es mi colonia, le respondo en inglés y él parece no entenderme...acabo de perder la habilidad de hablar español. ¿Qué más perderé? ¿la vista? ¿el tacto?
Pago con todo lo que traigo en la cartera y camino a un parque que parece que recuerdo. ¿o me he equivocado de nuevo?

Tiemblo, tengo miedo de no saber nada, de haberlo perdido todo otra vez, no es la primera vez que te pasa esto, me digo para tranquilizarme y recuerdo la vez en Marruecos en donde me pasó exactamente lo mismo y terminé deportado a mi país y me reclamaron en migración los que decían que eran mis socios de trabajo. ¿Será? ¿Seré?

Son las doce de la noche y yo no soy.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Fiebre

Bajé del cuarto y estaba empapado en sudor. Dejé a mi paso un rastro de agua. Pequeños charcos que hacían que quien quisiera caminar tras de mí, resbalara. Pero estaba solo, no había nadie para resbalarse en mi rastro de agua. Sudaba tanto que pensé que me deshidrataría y por eso fui a la cocina, necesitaba beber algo.

Abrí el refrigerador, mi cuerpo estaba seco, podían vérseme los huesos. Podían sentirse las esquinas de mis huesos sin siquiera tocarlos. Estaba mal. El refrigerador era inmenso. Presioné el dispositivo de agua fría y comencé a bañarme con el chorro de agua que caía sobre mi. Bautizado en el agua fría como Juan en el Jordán. Comencé a respirar y a sentir que aún quedaba vida en mi. Después cayeron hielos en mi cabeza. El piso de la cocina era una mezcla de distintas aguas en distintas etapas del cíclo del agua. El despertador marcaba las 4:19 am. Yo quería hacer una llamada, pedir una ambulancia, me ahogaba.

El compresor del refigerador estalló y con su ruido desperté. Había pasado la noche recargado contra el aparato y ahora estaba bien. Eso pensé. Al llegar a mi cuarto me desplomé. Un saco de papas podridas era yo. Un destello intermitente en el bosque. Una luciérnaga perdida en el agua más profunda. Nada.